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Hormigas, Arañas, Abejas

Recientemente leí un libro en el que se relataba una valiosa historia del filósofo inglés Francis Bacon sobre el verdadero conocimiento. Para su explicación, el filósofo establecía un símil entre el trabajo desarrollado por los científicos y su comparación con el oficio de las hormigas, las arañas y las abejas.

"El científico no debería actuar como las hormigas, que recogen granos, migajillas de pan y diversas partículas de alimento y las amontonan, pues si al científico se contenta con amontonar datos, observaciones o hechos en su mente, sin tener ideas generales que los interpreten y conecten entre sí, no se produce un avance científico.
Por otro lado, el científico tampoco debería comportarse como las arañas, que extraen de su propio organismo toda la sustancia con la que construyen sus telas, porque las teorías que uno extrae de su propia mente, sin apoyarlos en hechos concretos, no tiene ninguna validez explicativa para la ciencia.
El científico debe parecerse a las abejas, y del mismo modo que ellas extraen el polen de distintas flores, y lo elaboran en su interior hasta convertirlo en miel, el científico ha de elaborar los datos empíricos en su cabeza, hasta dotarlos de significado, pues únicamente cuando los hechos cobran sentido gracias a conceptos, principios, leyes y teorías generales, se puede hablar de verdadero conocimiento."

Este pequeño cuento puede ayudarnos a comprender que a veces nos comportamos como hormigas, recogemos muchos conocimientos que luego invertimos en “el gran mercado de los exámenes”, para obtener buenos resultados en una época del año, y acabar devaluándolos con el paso del tiempo. Nos empeñamos en amontonar cosas sin ninguna significatividad y de forma compartimentada. Y esto es, en cierto modo, desaprovechar la riqueza que supone la construcción de conocimientos en conjunto y el crecimiento tras la aplicación y las relaciones entre los conceptos.

Otras veces, como argumentaba Bacon, somos como las arañas, tan sólo validamos aquello que nosotros hemos pensado individualmente. Y como sabemos, nuestras teorías, a veces nos impiden ver el mundo de manera global, estrechándose nuestro campo de comprensión. Además, no siempre las teorías con las que pensamos son acertadas, por ello necesitamos dejarnos permeabilizar por otras, evolucionando o quizás reemplazando las anteriores.

Por ello, animemos a conocer, comprender y después crear. Recomendemos idas y venidas de “panel en panel” alimentándonos de distintas fuentes, desde la teoría y desde la práctica, elaborando una miel de primera calidad, fruto de reflexiones e inquietudes.